Trabaja contra el estrés para eliminar el dolor

dolorTe invitamos a hacer un sencillo experimento: pregunta a las personas que tienes a tu alrededor si padecen algún dolor muscular. Pregúntatelo a ti mismo. Con mucha seguridad te va a resultar difícil encontrar a una persona a la que “no le duela nada”.

El estilo de vida actual nos impone a todos un ritmo frenético. Para poder “tener” todo lo que marca la sociedad como normal -casa propia, vehículo, vacaciones-, nos hemos autoimpuesto una cantidad elevada de obligaciones que están jugando en nuestra contra. Trabajamos muchas horas (muchas veces en situación de estrés), vamos con prisa a todas partes, no respetamos los periodos naturales de descanso… Y cuando el deseado descanso llega por fin, estamos tan agotados que nos volvemos sedentarios, olvidándonos del necesario deporte.

Con este panorama, no estamos realizando un buen mantenimiento de las funciones de nuestro cuerpo. Los músculos acostumbrados a no moverse, se acortan y atrofian, disminuyendo nuestro rango de movimiento. Como consecuencia, nos movemos menos aún para evitar el dolor. La falta de movimiento nos limita cada vez más, haciendo que adoptemos las llamadas “posturas antiálgicas“: formas de andar, sentarnos, etc. que eviten las posiciones dolorosas.

¡Un círculo vicioso! ¿Por dónde comenzamos a romperlo? La primera clave está, obviamente, en nuestra forma de enfrentar la vida. Para paliar el estrés debemos aprender a relativizar los acontecimientos, es decir, darle a cada cosa su justa medida de importancia en el global de nuestra vida.

Y después, luchar contra el estrés de una forma activa: practicando la relajación todos los días -a veces es suficiente con respirar abdominalmente durante 5 ó 10 minutos al día-, realizando deporte no sólo para desentumecer nuestros músculos y articulaciones sino para segregar endorfinas que liberan a nuestra mente de tensiones y respetando los ritmos de descanso y comidas.

No se trata de filosofía o cuestiones místicas. Eliminar el dolor crónico de nuestra vida (siempre que éste no sea causado por una patología concreta) es posible si aprendemos a escuchar a nuestro cuerpo y respetarlo como se merece. Al fin y al cabo sólo tenemos uno para toda la vida.

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