Lesiones del corredor: periostitis del tibial anterior

Periostitis Uno de los problemas que con más frecuencia presentan los corredores, especialmente de fondo y medio fondo, es la periostitis del tibial anterior, también conocida como shin splint, síndrome de estrés medial de la tibia (MTS) o simplemente tibia dolorosa.

La periostitis, es una inflamación aguda o crónica del periostio (peri = alrededor, y osteo = hueso), que es una membrana fibrovascular que rodea y recubre los huesos, y especialmente a la tibia, por su superficie externa excepto en lugares de inserción de ligamentos, tendones, y superficies articulares. 

Por la tanto el periostio es la vaina fibrosa que cubre los huesos y  que contiene vasos sanguíneos y nervios que  nutren y dan sensibilidad a los mismos. En esta capa se insertan los músculos. En el caso de la Tibia: el gemelo, soleo, tibial posterior, flexor de los dedos y tibial anterior. Todos ellos son músculos que usamos al correr. Por encima de los músculos tenemos una capa de grasa y por último, la piel. 

Los síntomas de la periostitis son dolor, inflamación o quemazón cuando estamos corriendo en la cara antero-interna de la pierna, en la tibia. El dolor es el resultado de la tracción que ejercen los músculos que se unen a la tibia sobre ella. A la palpación podemos encontrar unas bolitas inflamatorias conocidas como rosario perióstico.

Se pueden distinguir  dos zonas de dolor: en los 2/3 distales (más cerca del pie) del borde antero interno de la tibia, donde se insertan los músculos tibial posterior, flexor común de los dedos y soleo. Y en el 1/3 medio de la tibia, en el borde antero externo, donde se inserta el tibial anterior, siendo éste la manifestación más frecuente de la periostitis.

El síntoma más claro de esta lesión es un dolor que aparece al iniciar la actividad física y que disminuye después de un corto período de calentamiento, pero que vuelve a aparecer y, con más intensidad, cuando se lleva un tiempo corriendo. El fondista experimenta una sensación de dolor o quemazón en la zona afectada. 

Esta lesión suele aparecer cuando hacemos un cambio de calzado o corremos sobre superficies especialmente duras. Los mecanismos que pueden causar la inflamación del periostio son:

1. Las vibraciones causadas por los entrenamientos repetitivos, por el impacto del pie en el suelo, sobre terrenos duros y a veces coincidiendo con la utilización de zapatillas inadecuadas o demasiado gastadas.

2. Las tracciones excesivas sobre las zonas de inserción de los músculos sobre el periostio, teniendo como origen las tensiones musculares  o los apoyos incorrectos.

3. La excesiva rotación de la cadera, una torsión tibial externa aumentada, la hiperpronación o una eversión exagerada del talón (durante la fase de apoyo plantar), valgo del retropié.

4. Los traumatismos repetitivos directamente sobre el periostio en la cara anterior de la tibia (botas de esquí o de patinar, golpes directos como en el fútbol), aunque esta última causa no suele ser frecuente en fondistas.

5. El exceso de entrenamiento, rodajes sobre superficies demasiado duras, demasiadas cuestas y horas por terrenos irregulares, pueden desembocar en una periostitis tibial. No parar cuando existe dolor pensando que ya se pasará. Falta de estiramientos.

6. Zapatilla inadecuada poca amortiguación o demasiado dura, zapatillas con demasiados kilómetros y gastados.

7. Desequilibrios biomecánicos: Cargan en la punta del pie, pie pronado, pie plano valgo, diferencia en la longitud de las extremidades inferiores, pie cavo y contraído, torsión tibial y genu varo.

Tratamiento fisioterápico:

  • Disminuir la intensidad del ejercicio.
  • Hielo, durante 3-5 días.
  • Masoterapia para disminuir la tensión de la musculatura.
  • Estiramientos.
  • Ultrasonido, láser, corrientes.
  • Vendaje para evitar la vibración de la tibia.
  • Plantillas y taloneras de descarga, así como unas zapatillas adaptadas al tipo de pisada.

Y para prevenir:

  • Evitar los terrenos duros.
  • Progresar la intensidad y el volumen de entrenamiento siguiendo una pauta razonable.
  • Valorar la pisada y la biomecánica del pie para adquirir las zapatillas más adecuadas.
  • Estiramientos antes y después de la musculatura implicada, especialmente de gemelos y soleo.
  • Fortalecimiento del tibial anterior.

Aplica frío a la primera molestia, y consulta con tu fisioterapeuta.

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