Noticias: El propio dolor neuropático reduce la eficacia de los opiáceos

1034028_33910813La medicina científica está un paso más cerca de poner fin al dolor neuropático, ese que hace insoportable la vida a casi cuatro millones de personas en este país (8%), según la Sociedad Española del Dolor (SED).

Además de antiepilépticos y antidepresivos, este malestar se ha tratado con opiáceos, analgésicos de alta intensidad como la morfina, con el objetivo de aliviar el sufrimiento de quienes tienen dañado el sistema nervioso. Pero estos no son del todo eficaces y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto por qué.

Los investigadores han hallado un mecanismo molecular que reduce el efecto analgésico de los opiáceos. "Este es el principio para empezar a diseñar fármacos más selectivos y eficaces que sean capaces de acabar con el dolor", ha explicado Javier Garzón, director del estudio.

La mayor parte de los dolores se pueden combatir con la farmacología actual, desde analgésicos suaves hasta los potentes opioides. Pero en el caso del neuropático puede ser insuficiente, dependiendo de la intensidad de este.

Es el dolor "más rebelde" de todos por su naturaleza, explica Garzón, que junto a su equipo del Instituto Cajal pretende que se revierta esta situación: "Hay que generar mayor conocimiento, sobre todo para rescatar a los pacientes crónicos", dice el neurólogo. "Son personas válidas desde el punto de vista social y a los que no se les puede sedar como a enfermos terminales", añade.Se refiere a un 85% de personas que se ven condicionadas de forma extrema por el dolor (cifra que recoge Efe), y que solamente les queda la opción de aumentar las dosis y prolongarlas en el tiempo.

Son pacientes que no pueden llevar una vida normal, tanto en lo profesional como en lo personal. Y sienten una sensibilidad extrema que, en casos graves, hasta el simple roce de una sábana puede ser insoportable, como le ocurre a Carmen García, de 63 años. "Este dolor es lo que le ha quedado después de padecer herpes zóster", explica su marido por teléfono, José Diniz, secretario de la Asociación de Pacientes con Dolor Neuropático.

El dolor en sí mismo es necesario, porque nos avisa de que algo falla en nuestro organismo. "El problema es cuando se vuelve insoportable", dice el neurólogo del CSIC. Este trastorno se origina cuando los nervios se estropean en su función, ya sea como consecuencia de una lesión externa o derivado de una enfermedad. Es el sistema nervioso (que reconoce las señales agresivas o peligrosas) quien envía señales de dolor al cerebro sin que realmente exista un motivo para ello.

El tratamiento de opioides no solo pierde eficacia, sino que desencadena efectos secundarios que interfieren en otras funciones neurales: alucinaciones, somnolencia, depresión respiratoria, erupción cutánea, e incluso pueden conducir al coma (en casos extremos). No hay que olvidar la tolerancia que desarrolla el paciente, que aumenta las dosis como única alternativa.

La frustración de los pacientes contagia a los profesionales, que se ven incapaces de poner freno al calvario. Un estudio que ha presentado la SED, en este Día Mundial contra el Dolor, destaca que "sería conveniente la concienciación de los profesionales de lo que significa para el individuo un tratamiento insuficiente del dolor". Solo uno de cada 10 hospitales públicos incluye un programa de tratamiento del dolor agudo en el servicio de urgencias, cuando es la principal causa de ingreso hospitalario (43%). Por algún tipo de dolor crónico, como el neuropático, ingresa un 15,9%.Más de 10 millones de personas en España son víctimas de dolor crónico.

Los pacientes, desesperados, en ocasiones optan por el tratamiento quirúrgico. Pero las intervenciones también tienen sus complicaciones, cuando se intenta bloquear esta disfunción para que el nervio deje de enviar señales erróneas al cerebro. "La intervención requiere que se conozca el lugar exacto de la lesión, que no esté en un sitio de mal acceso…", explica el científico.

Publicado en "EL PAIS"

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