A medida que vamos haciéndonos mayores, nuestros reflejos y nuestra capacidad de respuesta disminuyen, y nuestra forma física experimenta también cambios que aumentan con la edad. Podemos observarlo en nosotros mismos o en nuestros familiares más mayores: actos tan cotidianos como entrar en la ducha, por ejemplo, se convierten en auténticas hazañas. Muchos de ellos conllevan un serio riesgo de caídas.
La Comisión Especial de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF) ha publicado unas guías en el prestigioso Annals of Internal Medicine en las que trata el tema de la alta incidencia de caídas en personas de 65 años o más. Las caídas, que en muchos de los casos pueden ocasionar fracturas -la de cadera es la más común- son el accidente más frecuente en este colectivo. Las causas son la pérdida de agilidad, de agudeza visual y de reflejos que se produce a partir de esta edad.
La USPSTF realiza una serie de recomendaciones para prevenir y mejorar el riesgo de sufrir una caída. Incrementar el consumo de vitamina D, practicar ejercicio suave de forma regular y acudir con frecuencia al fisioterapeuta son algunas de las medidas propuestas.
El objetivo es mantener la musculatura en un estado óptimo que le permita seguir ejerciendo su función de sujeción del cuerpo. Una musculatura sin tono favorece posturas que generan dolor, empeoran la calidad de vida de las personas y pueden llegar a provocar lesiones crónicas. Por el contrario, una musculatura y articulaciones que son sometidos a movilización diaria son más fuertes y funcionan mejor, de ahí su papel en la evitación del riesgo de caídas.
La conclusión, al final, siempre es la misma: acude regularmente a tu fisioterapeuta y mantén tu cuerpo en forma con ejercicio moderado y buena alimentación.

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